¿Funko está en crisis creativa? Lo que dicen los números

Pared de Funko Pops en la sucursal de Kollectoyz: filas y filas de cajas en perspectiva, sobre la pregunta ¿Funko está en crisis creativa?

Si has sentido que los Funko se parecen cada vez más entre sí, no estás solo. Es un sentimiento generalizado entre koleccionistas: el mismo molde con una parte que brilla en la oscuridad, el mismo personaje con salpicaduras de sangre, el mismo esculpido en cinco colores distintos.

La pregunta que sale de ahí es justa: ¿Funko dejó de preocuparse por lo creativo para concentrarse en producir más?

Vale la pena contestarla con lo que se puede comprobar, porque hay bastante.

De dónde viene Funko

Funko nació en 1998, en un garaje de Snohomish, Washington. Mike Becker era diseñador en una empresa de camisetas y le gustaba buscar coleccionables kitsch; juntó treinta y cinco mil dólares de sus ahorros y montó una compañía de cabezones. El nombre salió de querer algo fun y funky.

En 2005 le vendió la empresa a Brian Mariotti, que es quien la convirtió en lo que conocemos.

Los Pop! llegaron mucho después. En 2010, en la San Diego Comic-Con, Funko presentó cuatro figuras de DC bajo un nombre que hoy suena raro: Funko Force 2.0. Eran Batman en su versión sesentera, un Batman metálico, Batgirl y Green Lantern. Al año siguiente esa línea se rebautizó Funko POP!, y con ella la marca dejó los cabezones para irse a la figura de vinilo que todos tenemos en la repisa.

Cómo se decidía qué hacer

En 2018 y 2019, cuando Funko estaba en su mejor momento, la propia empresa explicó su proceso a la prensa: de la idea al anaquel pasaban entre cuatro y seis meses.

Para entender de dónde salen las figuras hay que empezar por algo que muchos koleccionistas dan por hecho: Funko casi no es dueña de nada de lo que vende.

Batman es de Warner. Spider-Man, de Marvel. Baby Yoda de Lucasfilm, Pikachu de The Pokémon Company, Hello Kitty de Sanrio, y Tanjiro de quien tiene los derechos de Demon Slayer. A esos dueños se les llama licenciantes: son quienes prestan el personaje a cambio de dinero y de reglas. Cuántas piezas se pueden hacer, cómo puede verse el personaje, en qué países se puede vender y hasta cuándo dura el permiso.

Cada caja que tienes en tu repisa es, en el fondo, un acuerdo entre Funko y el dueño de ese personaje.

Con eso claro, las ideas entraban por dos puertas.

  • La del licenciante. El estudio llega proponiendo, casi siempre porque tiene algo que estrenar: una película, una temporada, un aniversario. Quiere producto en tiendas cuando la gente esté hablando de eso.
  • La de adentro. Aquí está la parte que sorprende. Según el vicepresidente de creativo de Funko en aquel momento, cualquiera de la casa podía proponer una figura — incluso alguien con dos semanas de haber entrado. La idea subía por su cuenta, sin pasar por jerarquía.

Cualquiera de las dos puertas desembocaba en el mismo filtro: investigación de mercado y caso de negocio. En español llano, dos preguntas. ¿Hay gente suficiente que quiera esta pieza? ¿Y sale el número, contando licencia, molde, producción y envío?

Lo que alimentaba esas respuestas no era un estudio de escritorio: era el equipo parado en convenciones y metido en redes, viendo qué personaje se estaba calentando. De ahí salía la lectura de qué iba a funcionar.

Y luego venía el reloj: de la idea al anaquel, entre cuatro y seis meses. Ese tiempo explica muchas decisiones que desde afuera parecen raras — apostarle a algo antes de saber si va a pegar, porque para cuando pegue ya es tarde para empezar.

Esa es la foto de hace siete años. Funko no ha vuelto a publicar cómo decide hoy, y eso también dice algo.

Los años duros

Aquí es donde el sentimiento de la comunidad deja de ser sensación y se vuelve número.

Durante 2022 el inventario de Funko creció 48%, hasta 246 millones de dólares en producto sin vender. Tanto, que la empresa terminó rentando bodega extra en Arizona y pagando contenedores parados, lo que se comió más de cinco puntos de su margen en un solo trimestre.

En la primera mitad de 2023 llegó la decisión que dio la vuelta al mundo: Funko destruyó entre 30 y 36 millones de dólares en producto. Hubo quien encontró Pops en un relleno sanitario y los fotografió.

Para cualquiera que colecciona, esa imagen fue el resumen perfecto de lo que ya se sospechaba: se estaba fabricando más de lo que la gente quería comprar.

Tres empresas nuevas, fundadas por gente de Funko

En paralelo pasó algo que a muchos koleccionistas les llamó la atención, y con justa razón.

  • Thrilljoy la fundó Brian Mariotti — el mismo que compró Funko en 2005 y la llevó a la bolsa — junto con la ex-vicepresidenta de licencias de Funko y socios de otras marcas. Su propuesta gira alrededor de narrativa, calidad de empaque y ediciones limitadas.
  • Rokimoto viene de Mike Becker, el fundador original de Funko, bajo su nueva compañía Funmaker. Son blind box con estética de comida: la figura viene dentro de un vaso tipo ramen.
  • Kaleidos Creative se formó en 2024 con nueve veteranos que vienen de Pixar, Funko, Bento Box y Penguin Random House. Se definen como propiedad de artistas, y dicen que nacieron porque sentían que en la industria se estaban perdiendo las personas, las ideas y la creatividad.

El fundador de Funko y el CEO que la hizo gigante están, cada uno por su lado, construyendo empresas que compiten con ella. Y las tres venden la misma idea: menos piezas, más intención.

La destrucción fue la corrección

El inventario tirado y los recortes se contaron como el desastre de Funko. Vistos con calma, son lo contrario: la empresa reconociendo el problema y aplicando el remedio caro.

En 2023 Funko no solo tiró producto: recortó el 30% de sus líneas y de sus SKUs, y cerró el año con su inventario propio reducido a más de la mitad, en 119 millones. Con el CEO actual, Loungefly pasó por lo mismo: la mitad de sus SKUs, fuera.

Traducido a lo que le importa a quien colecciona: la empresa aceptó que estaba haciendo demasiado y cortó. Es exactamente lo que la comunidad venía pidiendo, aunque haya llegado por el camino doloroso.

Qué dice Funko que va a hacer

La estrategia actual se llama Make Culture POP! y se resume en tres pasos: detectar lo que la cultura está moviendo, darle forma de producto, y ponerlo en manos del fan mientras el interés está arriba.

Su ejemplo favorito es haber salido primeros con K-Pop Demon Hunters, en el pico del fenómeno. Y su idea de diseño la resumen en convertir cada producto en un lienzo para contar una historia. En sus planes de crecimiento aparece Latinoamérica.

Una línea nueva, con los artistas al frente

A finales de 2025 Funko abrió una línea de caja ciega que ya no son Pops: Premium Blind Box, y arrancó con dos series.

  • Kiguzoomies — animalitos del bosque disfrazados de otros animalitos. Alrededor de 16 dólares, con un chase de 1 en 36: Proto, la mascota de la casa, vestido de tigre blanco.
  • Funko Fun Squad — los gemelos Freddy y Franny Funko, las mascotas de la marca, metiéndose en aventuras. Mismo esquema de chase.

Lo que hace distinta esta línea es quién manda adentro. El equipo de arte decide todo: quién es el personaje, cómo se esculpe y cómo se ve la caja. Y Funko ya dijo que quiere ampliarla con artistas independientes.

Kaleidos nació de gente que se fue de Funko sintiendo que en la industria se estaban perdiendo las personas y las ideas, y se define como propiedad de artistas. Un año después, Funko saca una línea donde el artista decide desde el personaje hasta el empaque — y con personajes de la casa, sin ningún estudio prestándole nada.

Eso es lo que la empresa declara y lo que está poniendo en la calle. Lo que está comprobado en números son los recortes, y una recuperación que este 2026 ya lleva dos trimestres.

Si lo que te preocupa es lo otro — si Funko va a desaparecer — eso lo contamos completo aquí, con los reportes enlazados.

Línea de tiempo de Funko de 1998 a 2026: fundación, nacimiento de los Pop!, salida a bolsa, sobre-stock, destrucción de inventario, recorte de líneas, y el surgimiento de Kaleidos, Thrilljoy y Rokimoto

Entonces, ¿hay crisis creativa?

La sensación de que hay demasiadas variantes del mismo molde es real y la comparten muchos koleccionistas. Y tiene respaldo: la sobreproducción de 2022, la destrucción de 2023 y los recortes que vinieron después.

Lo que no existe es una medición. Nadie ha publicado qué porcentaje de los lanzamientos de Funko son repinturas o reusos de molde. Cuando alguien te dé ese número, pregúntale de dónde lo sacó.

Hay Funko para rato

Funko lleva casi tres décadas. En ese tiempo cambió de dueño, cambió de producto — de cabezones a vinilo —, cambió de nombre su línea estrella, pasó por rediseños, direcciones distintas, aranceles, y por dos o tres generaciones de koleccionistas con gustos que no se parecen.

Y siguió aquí.

Hasta las empresas que hoy le compiten son, en el fondo, fruto suyo: las fundó gente que aprendió a hacer esto adentro de Funko. Para quien colecciona, eso se traduce en algo bueno — más opciones, más estilos, más gente peleando por hacer la pieza que te va a gustar.

Hay Funko para rato. Y hay koleccionismo para rato.

¿Tú qué opinas — se están repitiendo demasiado, o es parte de tener un catálogo enorme? Cuéntanos, que de estas conversaciones salen los temas que platicamos en la tienda.